Cisneros, el maestro que todos deberían tener

Hoy estaba almorzando con dos amigos y una amiga de la universidad cuando sonó el teléfono de Pilar Garavito y le comunicaron la noticia:  el maestro Luis Jaime Cisneros ha muerto. Pilar Garavito y yo escribimos una vez un artículo sobre él para un Boletín de Formación y Capacitación Docente que editaba el Ministerio de Educación y la Cooperación técnica y financiera alemana.  Uno de mis profesores de la Universidad lo leyó y me preguntó si se lo había llevado, yo, aunque no parezca, soy tímida para algunas cosas  y nunca se lo hice llegar. Aquí lo dejo para que lo lean ustedes.

Cisneros, el maestro que todos deberían tener[1]

(Pilar Garavito y Nila Vigil)

En un curso para jefes de práctica de Lengua, Luis Jaime preguntaba y la timidez nos hacía callar. Con el humor que lo caracteriza nos decía, “por favor, ésta es una pregunta para el alcalde de Lima” y luego de la risa, la gente estaba más relajada y fluía el diálogo. Y es que Luis Jaime es el maestro que todos deberían tener. Porque es un ser humano completo que cuenta con inteligencia, conocimientos, humor; porque sabe enseñar y porque, como claramente lo dice Alonso Cueto: “Generaciones de peruanos han recibido para siempre sus clases que, a través de la lingüística eran en realidad sobre los actos más nobles en los que deben iniciarse los jóvenes: pensar, descubrir imaginar”[2] En este número del Boletín nos sumamos a los homenajes que, con justa razón, se le han realizado con ocasión de haber cumplido cincuenta años como docente en la Pontificia Universidad Católica del Perú y por los ochenta años que cumple este 28 de mayo. De otra parte, el hecho de que ésta sea la primera vez que nos ocupamos de un educador vivo es para resaltar que también la democracia está viva y que Cisneros, además de un gran académico es un gran demócrata.

Luis Jaime Cisneros nació el 28 de mayo de 1921 en Lima. Dado que su padre, el periodista y poeta Luis Fernán Cisneros, fue opositor a Leguía, fue desterrado a Argentina donde emigró junto a toda su familia cuando Luis Jaime tenía  cuatro años. Acudió al colegio y a la Universidad de Buenos Aires donde estudió Medicina y Filología. Luis Jaime afirma que las letras y la medicina curan el alma; tal vez porque a partir de ellas conocemos mucho del hombre: sus inquietudes por un lado y sus afecciones por otro.

Cisneros es Director de la Academia Peruana de la Lengua, miembro de la Academia Peruana de Historia,  la Sociedad Peruana de Historia, el Centro de Estudios Histórico-Militares del Perú, el Instituto Peruano de Cultura Hispánica, el Instituto Riva-Agüero, la Asociación de Lingüística y Filología de América Latina (ALFAL), el Programa Interamericano de Lingüística y Enseñanza de Idiomas (PILEI), la Sociedad Peruana de Estudios Clásicos, entre otras.

Su interés por la lengua no se centra solamente en sus estudios, también se refleja en esa dimensión que le otorga al curso de Lengua. Ya no es ese curso tedioso que durante la escuela nos ponía en aprietos y que nunca supimos por qué teníamos que aprender. Es un alivio. Por primera vez alguien nos sienta a reflexionar sobre esto que nos ayuda a comunicarnos, a hablar, a expresarnos, cómo lo usamos, cómo se relaciona con lo que sentimos, deseamos o pensamos. Tal vez por ahí debería comenzarse en las escuelas: por develar al alumno uno de los aspectos que más caracterizan al hombre, es decir, la capacidad de haber creado la lengua y cómo opera esta capacidad. Si éste fuera el sustento y no un afán reglamentario sobre su uso, el alumno tendría una diferente apreciación al respecto.

Sobre la práctica docente Cisneros señala: “Mi primera experiencia fue a los 22 años. Gané dos concursos: para ser director del curso de anatomía topográfica y jefe de prácticas en sintaxis. Entonces entré en verdadero contacto con los estudiantes y me di cuenta de que el ejercicio de la docencia pone sobre el tapete los defectos que uno tiene y que si éstos persisten impiden que se haga lo que se quiere hacer. Los muchachos, si le tienen confianza al maestro, se lo dicen. Eso es extraordinario y reconfortante. Un diálogo que los profanos no entienden.” En efecto, es un diálogo enriquecedor y estimulante para los jóvenes que a él acuden, un diálogo que ayuda a la reflexión y brinda el aliento para poder encontrar los propios horizontes. Esto es la confianza, esto es lo que ofrece un maestro: no sólo la materia de su especialidad, sino también el apoyo y la guía para ayudar a descubrir cómo es en realidad aquello que se estudia, cómo nos interesa eso y cómo lo haremos caminar. Además, la docencia para Luis Jaime no consiste únicamente en transmitir conocimientos: “A mí en la docencia lo que me ha interesado es eso. Y es eso lo que le debo a toda esta gente: yo no he tenido ni en Medicina ni en Letras, instructores, no he tenido gente que me inyectara conocimientos; no. Siempre he tenido gente que me ha enseñado a compartirlos, a trabajarlos, a discutirlos, coincidir, discrepar y esas tareas, ésas eran las que nos hacían amigos, compañeros, las que nos hacían esto que éramos. Me tocó una linda época.”[3]

Sobre el enseñar, Luis Jaime cree que aquel que no siente nervios el día de su primera clase debe pensar seriamente en dejar de hacerlo.  Y no es para menos, enfrentarse a un grupo de muchachos a los cuales no se conoce, sentir que ellos esperan algo de uno, así como uno espera algo de ellos es para intranquilizar hasta al más frío.

A Cisneros le gusta enseñar y no sabe por qué. Descubrió que le gustaba hacerlo a partir del comportamiento de los muchachos, de la respuestas de ellos. La aptitud para enseñar la descubrió como él dice no “como una cualidad dada, sino como los frutos de una secreta cualidad que yo he resuelto perseguir, cultivar, reflexionar, modificar; etcétera.”[4]

Luis Jaime está convencido- contra lo que muchos otro afirman- que en estos tiempos hay muchos maestros con vocación. Que siempre hay alguien esperándolo a uno. Aquel que le va a marcar la vida. A veces con una simple palabra o con una respuesta. Es un asunto de coincidencia de sentimientos. De llamados interiores[5]. Y en esto no hay mayor secreto que la paciencia del buen maestro, paciencia para saber escuchar porque es la mejor forma de comprender y ayudar a la gente, a los alumnos, a los jóvenes; es la mejor manera de ayudarlos en su formación: “Y es que Luis Jaime sabe escuchar con la singular amplitud espiritual que caracteriza al maestro y al hombre de ciencia. Ha sido ajeno a toda actitud dogmática, impositiva, y a las afirmaciones carentes de una serena meditación anterior, que sólo traslucen la improvisación, la tolerancia o el peligroso fetichismo de la falsa ciencia que se ampara en la erudición temprana como equivocado sinónimo de conocimientos” [6]. El saber escuchar lo aprendió desde que era estudiante de Medicina, desde entonces aprendió que no era imprescindible que los pacientes le explicarán sus dolencias con elegancia o buen estilo, en latín o en castellano; lo importante era que él comprendiera a partir de lo dicho por los enfermos cuál era su dolencia, sólo así era posible ayudarlos. La misma actitud ha tenido con sus alumnos, sólo así ha podido ayudarlos.

Este saber escuchar, la paciencia y una afinada intuición para poder hacer las preguntas oportunas permiten a Luis Jaime sorprender a sus alumnos. Según él esta intuición para hacer las preguntas adecuadas es comparable con lo que en Medicina llaman “ojo clínico” . Y esto no se encuentra escrito en ningún libro, se va aprendiendo en el camino.

Cisneros sabe que para ser un maestro es necesario enseñar lo que los alumnos necesitan y lo sabe, porque sabe que para mantenerse vigente hay que mantenerse alerta. La misma inquietud contagia a sus discípulos. Esta es una inquietud humanista que conduce al estudioso a empaparse de temas de historia, filosofía, artes y ciencias. Cisneros enfatiza que un docente no debe permitir nunca que la inquietud lo abandone, pues si esto pasara no podríamos entregar al alumno lo que él necesita y menos aún,  formarlo. Esta es una inquietud que está muy ligada al papel de la Universidad. Aunque, obviamente, no significa que en los grados previos no se debe contagiar al alumno de la misma inquietud.

Cincuenta años de docencia en una de las mejores universidades del Perú, dan a Cisneros la autoridad suficiente para hablar sobre educación superior, de la cual dice: En Europa no niegan la calidad de enseñanza superior, ni su evidente jerarquía, a los grandes institutos técnicos; sólo que a nadie se le ocurre darle el nombre de “universidad”. Lo que ahora se discute es qué nuevas carreras exige el siglo venidero y cuáles deben ser acogidas por las universidades y cuáles deben ser tarea de Escuelas Superiores. Esa no tiene por qué ser solamente una discusión europea. Es asunto que no es ajeno a nosotros. Debemos asumir esa tarea, en lugar de perdernos en discursos bizantinos al respecto. Éste, sin duda, es un tema que debe ser resuelto de inmediato teniendo en cuenta la “confusión” en la que se ha caído en nuestro medio para crear o designar ciertas carreras como universitarias, para abrir novedosas “universidades” que solamente reflejan una incapacidad para captar y entender la esencia de lo que es la Universidad.

El nuevo enfoque de enseñanza aprendizaje ha sido el viejo enfoque de Luis Jaime Cisneros que sabe que el maestro y el alumno se envuelven en una dinámica de aprendizaje simultáneo. El maestro no es el dueño de la verdad, es ese guía facilitador que va a ayudar al alumno a descubrir sus saberes y a construir conocimientos. Le va a enseñar cómo hacerlo, lo va a formar y al mismo tiempo aprenderá de los alumnos y al final esperará que el alumno vuele por sí mismo. Nada nuevo en la práctica docente de Luis Jaime: “En los discípulos reconocemos ciertamente la presencia de un vigilante y demorado amor. En tantos años de docencia debo admitir que los hay; y si lo reconozco no es porque crea que me deben algo de lo que han recibido sino porque todos los días compruebo lo mucho que voy aprendiendo de ellos.”. Y como elemento indispensable para formar al alumno: el fomentar la creatividad. Muchos de nosotros recordamos los exámenes de Lengua con Luis Jaime como un gran espacio para la creatividad. No un simplón intento creativo, pues teníamos que ir preparados con varias lecturas y reflexiones a cuestas para llegar a una conclusión, producto de nuestra creatividad y análisis. Sí, de hecho descubrimos bosquejos de los planteamientos constitutivos del nuevo enfoque educativo.  Pero Luis Jaime no se ufana y sencillo continúa su trabajo: “Abandonaré las aulas cuando me llegue la hora. Pero me falta aprender mucho todavía y eso me alimenta la sed de docencia.

Sin duda, las líneas siguientes resumen cuál es la función de un maestro y cómo debe desarrollar su labor: “Aprender a esperar que los frutos surjan en un momento preciso sin precipitarse. Aprender a vislumbrar lo que está en cierne. La tierra debe ser regada pacientemente, sin apresuramiento. No hay que empujar al alumno; hay que ayudarlo a que se descubra dueño de sus propios impulsos. Hay que iluminarle el camino, instándolo siempre a marchar por decisión propia, Y luego, cuando lo veamos triunfar, hay que aprender a desaparecer por el foro, sin hacer ruido.”


[1]Formación y capacitación docente N° 5 Ministerio de Educación, Dirección Nacional de Formación y Capacitación Docente, Proyecto PROFORMA-GTZ y Proyecto PLANCAD- GTZ

[2] Las citas, salvo que se indique otra fuente, remiten a: Luis Jaime Cisneros “Mis trabajos y los días.” Lima, Peisa, 2000.

[3] Ideele, No 135, febrero del 2001, p. 52.

[4] Ibidem p. 50.

[5] Afinada Vocación. En: Caretas, N°1509, año 1998. http://www.caretas.com.pe/1998/1509/afinada/afinada.htm

[6] Garatea Grau, Carlos. Luis Jaime, antiguo joven maestro, en Cuadernos del Archivo de la Universidad 6 , p.21

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One Response to Cisneros, el maestro que todos deberían tener

  1. Luis Vásquez dice:

    Luis Jaime, maestro de maestros. Recuerdo mi primer examen de lengua en generales letras. Nos habia planteado dos preguntas, una de Sausurre y otra de Chomsky. Respondí solo la de Chomsky, lo que obtuve fue una invitación a su oficina, una invitación a seguir lingüística y muchas invitaciones a conversaciones imborrables.
    La lingüística ha pasado a ser una casualidad en mí, pero no las lecciones de Luis Jaime que han sido para mi vida.
    Luis Jaime, maestro por siempre

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