Apuntes la sobre (no) distinción de palatales sonoras en el habla escolarizada de Iquitos

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Lo que  presento es un avance de un trabajo más amplio que estoy elaborando sobre el yeísmo en la Amazonía. Ahora solo me centro en hablantes escolarizados pero el trabajo incluye también a hablantes no escolarizados.

La  (no) oposición fonológica de las palatales en el castellano de Iquitos.

 Agradezco a Angélica Ríos y a Alberto Chirif por haberme puesto en contacto con colaboradores en Iquitos. También le agradezco a Alberto el envío de bibliografía. Por último, pero principalmente, a las y los iquiteños que accedieron a conversar conmigo y ser mis colaboradores lingüísticos, los coautores de este trabajo del que yo, como estudiosa, asumo todos los errores que pueda consignar.

No pretendo en esta presentación resolver un asunto de lingüística histórica. Voy a tratar un fenómeno del castellano de Iquitos y conviene recordar que Iquitos no es precisamente una zona de confluencia quechua/castellano. Ahora bien, esto no quiere decir que no esté pendiente un estudio histórico de relaciones quechua/castellano en Iquitos. Pero en esta presentación haré un primer acercamiento al asunto de las palatales sonoras en el castellano de Iquitos.

Lo que ahora presento es un esbozo de mi trabajo porque me falta procesar analiar en profundidad la totalidad de mis encuestas.

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Como bien se sabe, Escobar (1978) realiza uno de los primeros y más importantes estudios sobre el el castellano del Perú donde distingue dos modalidades del mismo: el de hablantes monolingües y una interlengua, que denomina, siguiendo a Wolfram, interlecto

En cuanto a la modalidad monolingüe distingue, as su vez, dos tipos de castellano: el castellano andino que mantiene la diferencia fonológica entre /y/ /λ/ y el ribereño o no andino que no mantiene tal diferencia. Dentro de esos dos castellanos, afirma el autor, que hay variedades.

El castellano andino comprende tres variedades:

1.- La andina propiamente dicha.

2.- La altiplánica.

3.- La variedad del litoral y Andes occidentales sureños.

El castellano ribereño o no andino presenta dos variedades:

1.- La del litoral norteño y central.

2.- La del castellano amazónico.

Es cierto que en el español amazónico no existe una lateral palatal, sin embargo ello no implica que no haya (haya habido) una distinción fonológica.

En el castellano amazónico se puede encontrar que coexisten una aproximante, una fricativa y una fricativa rehilada— Algo así que podríamos clasificicar como desde lo menos tenso hacia lo más tenso. La consonante rehilada del castellano amazónico ocupa los espacios que se esperan para la lateral palatal y por ello De Granda (1992) sostiene que “la rehilada no lateral del español amazónico se debería a la influencia del quechua norteño, en el que se ha deslateralizado la palatal del protoquechua a favor de una variante africada o rehilada y que esta se habría transferido al castellano amazónico. (De granda Apud Caravedo) Ahora bien, es menester recordar que la zona de Iquitos no es es una zona de mayor contacto con el quechua.

En un trabajo de 1981: Refonologización y velocidad de ciertos cambios en el Español Amazónico, Escobar realiza entrevistas a 16 hablantes monolingües de la amazonía (Iquitos, Pucallpa y Requena) y advierte que se realizan las variantes palatales fricativas, africadas rehiladas y no rehiladas. Trata de investigar si estamos ante un caso de refonologización o no de la latral palatal y concluye: “Estamos en la facultad de confirmar que del antiguo contraste λ ≠ y, la variedad amazónica del castellano no andino posee solo in fonema /y/; que se descarta la posibilidad de que haya un proceso refonologizador de la /y/”

Sin embargo, Rocío Caravedo ha señalado que en el caso de las palatales estamos ante un caso de cambio no consumado donde en algunos lugares hay distinción, en otros no, y además se encuentran zonas donde un mismo individuo combina distintos valores funcionales (Caravedo, 1995:120). Caravedo ha hecho una investigación sobre el yeísmo en el Perú donde revisa también el castellano amazónico. Ella nota que en el castellano amazónico no hay una variación caótica de lo no tenso a lo más tenso sino que “en los contextos canónicos correspondientes a /j/ (no laterales) ocurre siempre bien una fricativa débil, bien una aproximante, mientras que en los adscritos a /λ/ (laterales) se presentan de modo mayoritario lo tipos fónicos tensos, esto es rehilados o africados […] No se trataría, pues, de un conjuntos de variantes yeístas ordenables en continuum fónico de grado de refuerzo o debilitamiento, sino más bien de una discontinuidad dual de lo [-tenso] (fricativas débiles o approximantes) frente a lo [+tenso] (fricativas rehiladas o africadas), justificada respecto a la preexistencia de un patrón diferencial funcional” (76% del Libro ebook). Nuestra investigación corrobora esta tesis

Esto que se observado antes, lo hemos registrado nuevamente para el castellano de Iquitos.donde alternan, en una misma persona, realizaciones del tipo [zeBamos] y [yeBamos] y en los contextos de la palatal no lateral se presenta siempre una consonante no tensa. [jo] [projecto] [apojo] [ajuda]. Así, no podemos decir que estamos ante un único fonema como lo señala Escobar sino que la forma no tensa sería una variante de la no lateral mientras que la tensa sería una variante de la lateral que alterna con la no tensa por lo que estamos ante un caso de cambio lingüístico en curso.

Las entrevistas.- Realicé ocho entrevistas libres, con observadora participante. Los temas propuestos giraron en torno a la vida familiar, y la ocupación de los entrevistados. Se trabajó con mp3 visible, pero Para recolectar las entrevistas se estableció un contacto anterior con los entrevistados Lo que observamos en las conversaciones previas no difiere de lo que recogimos en la entrevista. Por lo tanto, creemos que el habla que hemos registrado es natural para la situación comunicativa en la que nos desenvolvimos. Una observación hecha por Labov es que las entrevis-tas no registran el habla espontánea porque el individuo se siente observado:

 “Toda observación sistemática de un hablante define un contexto formal en el que el grado de atención prestado al discurso es mayor que el mínimo. En el desarrollo de la entrevista en la que se pide y se proporciona una información, no hemos de esperar encontrarnos necesariamente este elemento vernáculo. Independientemente del carácter casual o amistoso con que el hablante se dirija nosotros, podemos siempre suponer que siempre dispone de un discurso aún más casual, otro estilo en el que bromea con sus amigos o discute con su mujer.”(Labov 1983:265)

 

Obviamente hay un discurso muy informal en ciertos contextos, pero sabemos que no hay una manera sistemática de recogerlo. Además, y esto nos parece importante señalarlo, este discurso no es el más usado por los hablantes. De hecho, la gente está más tiempo alternando con otros que bromeando o discutiendo con su pareja. Por lo general, los hablantes se condujeron con naturalidad. Además, como a los entrevistados no les dijimos que investigábamos su habla, creemos que si bien puede darse control en un primer momento de la entrevista, este se va dejando a medida que el hablante se interesa más en el tema que nos está contando. De otro lado, hemos podido apreciar que los hablantes no perciben los fenómenos fonéticos que estamos investigando. Así pues, no son capaces de controlarlo.

Entrevistas

  1. Mujer Administradora
  2. Mujer Profesora
  3. Mujer Profesora
  4. Mujer Profesora
  5. Hombre Profesor
  6. Hombre Profesor
  7. Hombre Profesor
  8. Hombre Médico

Los datos arrojaron que para el caso de la no lateral se produjeron siempre, en todos los hablantes y en todos los contextos, variantes no tensas. No hubo ningún caso, ni por contexto lingüístico, ni por énfasis, en que se haya producido una palatal tensa. Lo mismo que encontró Rocío Caravedo con las entrevistas de 1993.

Ahora bien, para el caso del contexto lateral se produjo un 60% de variantes tensas y un 40% de no tensas. Lo cual nos mostraría que si bien hay un mayor porcentaje de consonantes tensas, ya hay un debilitamiento donde las consonantes tensas se realizan como menos tensas e “invaden” la zona funcional de la no lateral… Aquí encontramos una ligera diferencia a los datos del 93 que trabaja Caravedo, en el sentido de que en ellos la frecuencia de variantes tensas era más grande que la que encontramos ahora.

Pero ese 40% no se distribuye de igual manera en todos los entrevistados. Si bien solo tenemos ocho entrevistas, hemos podido encontrar algunas constantes:

En un mismo hablante encontramos alternancias del tipo [kasteyano] [kastejano] [apeyido] [apejido] pero en palabras de, tipo trujíyo, rodíya, sentadíya, hemos encontrado siempre la variante tensa. Así, con los datos que tenemos, podemos generalizar que, cuando el acento está después de la palatal hay más posibilidad de variación pero esto no se ha dado cuando está después de una í acentuada donde hemos encontrado que el 100% de consonantes que se han producido son tensas. No podemos generalizar a las otras vocales porque hemos registrado bastante alternancia en formas como ella, ellos desarrollo, etc. En cambio, si la vocal acentuada anterior es una í, ha sido categórica la forma tensa. Incluso uno de los entrevistados produjo; trujíyo y luego trujijana…

Debo señalar que llama mucho la atención la conservación de la tensa antes de í porque ocurre precisamente lo contrario en otros espacios dialectales, por ejemplo, Godenzzi (2013) consigna datos de Puno donde una informante omite por completo el fonema palatal en contacto con í acentuada, así la palabra cuchilla es realizada como cuchía. (83% del libro)

Rocío Caravedo encuentra en su investigación que hay más formas distinguidoras en los no escolarizados que en los escolarizados. Nuestros entrevistados son escolarizados así no podemos hacer esa diferenciación pero lo que sí hemos podido observar es que hay una diferencia en el sexo. Así, las mujeres hacen más la distinción entre las formas tensas y no tensas que los hombres. 41% versus 59%. Esto necesita más investigación pero normalmente se dice que las mujeres tienen las formas más conservadoras.

Con los datos obtenidos, no podemos decir que estamos ante un solo fonema porque las variantes menos tensas y más tensas no ocurren indiscriminadamente sino que para los contextos canónicos de /y/ encontramos siempre una variante no tensa. No existe un solo caso donde una variante más tensa se haya producido en un contexto canónico de /y/

Para los contextos canónicos de la palatal lateral, ocurre mayormente una consonante tensa. Es decir, en este espacio sí encontraremos casos en los que se dan consonantes menos tensas y más tensas. Así, encontramos variación fonológica donde la palatal no tensa invade el espacio funcional de la no tensa.

Esto no nos lleva a afirmar que estemos ante un caso de no oposición fonológica como lo plantea Escobar. Tenemos por un lado una realización invariable y por el otro una variable. Sabemos que la variación es un hecho natural a las lenguas. No se ha dado un cambio lingüístico y como bien señala Caravedo, en estas circuntancias “para llegar al cambio consolidado el camino puede ser muy largo, existirán estadios intermedios en los procesos de definición e indefinición articulatorias que hagan difícil en determinados momentos trazar las líneas divisorias entre un tipo fónico y otro. Solo cuando se produzca el desligamiento total del tipo fónico respecto del contexto canónico se habrá producido el cambio de función. Pero mientras los tipos fónicos se mantengan más o menos fijos aunque solo sea a algunos contextos léxicos, de modo recurrente en proporciones muy altas, no se puede concluir que se está ante un proceso acabado de indiferenciación funcional.”

Así pues, este caso de variación fonológica nos debe llevar a pensar en la coherencia que tiene hablar de funcionalidades y no funcionalidades estrictas. Si pensamos que solo estamos ante unidades funcionales cuando las distinciones ocurren siempre y que cuando estas son variables, ya no estamos ante unidades funcionales ditintas, estamos viendo el asunto lingüístico de manera muy estrecha. En el caso de las palatales, por ejemplo, se ha afirmado que las zonas andinas realizan la distinción /y/ /λ/, sin embargo, hay investigaciones que han demostrado que estas distinciones son menos frecuentes que las que encontamos en Iquitos. (cf, Caravedo 20013). Así, antes de postular que se está ante una indiferenciación funcional, deberíamos postular que estamos ante dos zonas funcionales, una que tiene sus límites fíjos, los de la /j/ y otra que tiene un rango de variabilidad más amplio, que invade la zona funcional de la /j/. Esto avala la idea de que se está frente a un proceso de cambio encaminado hacia la dirección del yeísmo pero y esto es algo que quiero insistir y enfatizar, no indica que en este momento no existan dos zonas funcionales en el castellano de Iquitos.

 

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