Artículo de Carlos Yamberla sobre la subalternización de los saberes de los pueblos indígenas

Tengo la suerte de trabajar en el  Diplomado en Educación Intercutural Bilingüe que se desarrolla en el marco de los trabajos de la Red Interamericana de Formación de Formadores en Educación Indígena (RIF-FOEI), promovida por el Colegio de las Américas (COLAM) de la
Organización Universitaria Interamericana (OUI). Uno de los participantes es Carlos Yamberla,  indígena kichwa de Otavalo,Ecuador, comunicador social. Aquí comparto con Uds. una de las reflexiones de Carlos Yamberla sobre la subalternización de los saberes de los pueblos indígenas.  

Cosmovisión: saberes subalternos.

Carlos Yamberla

 Si bien existen muchos esfuerzos que revaloran los saberes de los pueblos indígenas, con investigación que organizan los conocimientos bajo categorías como cosmovisión, cosmología y cosmogonía, muchos de estos trabajos dejan al descubierto la relativización de un conflicto “no resuelto”, que es la subalternización de estos saberes. Considero necesario profundizar en esta reflexión a fin de explorar y verificar el mecanismo de la subordinación de estos saberes.

 A pesar de los procesos de globalización/colonización –dominación y explotación-, hoy, de los más de 100 millones de seres humanos que habitan la región llamada “Latinoamérica”[1], el 80% pertenece a la población nativa y mestiza (Estermann, 1998: 07) que en su vida cotidiana impregnan saberes fuera del paradigma occidental. En el mundo existe alrededor de 6000 grupos de lenguas vivas y más de 5000 grupos étnicos con sus propios estilos de vida. En el ámbito de la cotidianidad encontramos un sinnúmero de grupos que presentan demandas diferentes y que no se sienten identificados con la cultura “dominante”: las mujeres, las minorías sexuales, los jóvenes, entre otros. Todos ellos se encuentran en condiciones socioeconómicas y culturales de inequidad.

 En el contexto de la globalización, las nacionalidades y pueblos indígenas del Ecuador y otros sectores disidentes perviven en la inequidad, viven en constante discriminación, exclusión y dominación social y cultural. Estas realidades han sido constantes desde la conquista hasta la actualidad y  se originaron en la conquista y colonia de los europeos hacia el continente Abya Yala (tierra en plena madurez en lengua Kuna de Panamá), posteriormente llamado América y su población denominada “india”[2] (Mires, 1992: 11).

 La enunciación anterior es casi un lugar común; lo que aquí se remarca es la constancia de la situación caracterizada por la exclusión, dominación y la marginación desde la colonia hasta la actualidad, y cómo ésta realidad ha sido muchas veces legitimada y naturalizada por la academia y las instituciones oficiales, como un hecho cotidiano y “normal”.

 Esta es una característica fundada a partir del momento que Europa fundamenta su superioridad  en las diferencias fenotípicas y legitiman su dominación “natural” sobre los pueblos distintos, surge también la subordinación de toda forma de conocimiento producido por estos otros considerados inferiores[3].

 Así, a partir del nuevo patrón de poder colonial se constituye una nueva perspectiva eurocéntrica del conocimiento o “colonialidad del saber”, que a juicio de Aníbal Quijano (citado por Lander, 2001: 8-10) posee, en síntesis, las siguientes características:

 En primera instancia, esta perspectiva del conocimiento se basa en el dualismo cartesiano[4] que separa drásticamente la “razón” del “cuerpo”, separación que naturaliza al cuerpo y lo convierte en objeto de estudio por parte del “sujeto/razón”. De esta división nacen las pretensiones objetivistas y universalizantes de un conocimiento que se quiere científico y objetivo, la ciencia occidental que pretende alcanzar la verdad objetiva como único criterio de la realidad. La epistemología occidental  fundada en esta  distinción radical entre el hombre y la naturaleza (sujeto/objeto) apoya un  tipo de conocimiento destinado a fortalecer el patrón de poder global y uno de sus pilares, el capitalismo que pregona la expansión material sin límite a costa de la degradación del Medio Ambiente. Esa separación también determina las clasificaciones dualistas que caracterizan al eurocentrismo: primitivo-civilizado, mágico/mítico-científico, irracional-racional, tradicional-moderno.

 En segundo lugar, esa separación dualista también determina las clasificaciones que caracterizan al eurocentrismo y que oponen drásticamente lo primitivo de lo civilizado, lo mágico/mítico de lo científico, lo irracional de lo racional, lo tradicional de lo moderno, lo pre-capital de lo capital, lo no-europeo de lo europeo, todas esta oposiciones que se fundamentan en  la concepción evolucionista, lineal, unidireccional de la historia que avanza inexorablemente desde un mítico[5] estado de naturaleza hasta la moderna sociedad europea.

 En tercer lugar, se naturalizan las diferencias culturales entre los grupos humanos a través de la implementación sistemática de un régimen que clasifica, categoriza y jerarquiza estas diferencias como diferencia raciales. Esta clasificación crea identidades históricamente nuevas (indios, mestizos, blancos) que otorgaran legitimidad a las relaciones de dominación impuestas por la conquista. A decir de Quijano, “La idea de raza [que] es, literalmente, un invento [y que no] tiene nada que ver con la estructura biológica de la especie humana”, se transforma en un mecanismo de ordenamiento y clasificación que naturaliza las profundas inequidades, presentándolas como ajenas al proceso histórico que las configuró y que  persisten en el orden social de las sociedades contemporáneas.

 En cuarto lugar, a partir del dualismo, del evolucionismo –como concepción lineal y positivista de la Historia-  y de la idea de la raza como criterio para establecer los lugares de los grupos humanos en el mundo, los europeos se conciben como únicos creadores de modernidad y principales protagonistas de la Historia humana. Todos los aportes europeos importantes de las artes, la tecnología, la moral, construyen así la “Historia Universal” que debe ser enseñada a los pueblos otros. El eurocentrismo concentra bajo su poder hegemónico, todas las formas de control de la subjetividad, de la cultura y sobre todo del conocimiento. A partir de la idea de raza, se establece que todas las formas alternas  de concebir el mundo son inferiores, atrasadas y falsas. Es decir, toda ciencia, tecnología, filosofía, religión, idioma, arte otros son inválidos tanto para regular las vida de estos mismos pueblos como para ser erigidos a la categoría de “conocimiento universal”. Las manifestaciones de los colonizados[6] adquieren el estatus de inferiores, de prácticas y conocimientos causantes del atraso de los pueblos y condenadas necesariamente a la desaparición. Walter Mignolo (1995: 2-3) asegura que el eurocentrismo también se expresa en la  hegemonía de las lenguas europeas en cuanto a la producción de conocimiento[7]. Solo el pensamiento escrito, primero en español y portugués, luego en alemán, inglés y francés es conocimiento. Hasta hoy en día, la mayoría de las discusiones y debates intelectuales que ocurren en el “mundo” se realizan en una de estas tres lenguas. Los pensamientos,  en kichwa, náhuatl u otras lenguas no pueden acceder a estas esferas de discusión porque por un lado muchos no están escritos, son orales, y por otro, no manejan los mismos “conceptos”; pertenecen a otra racionalidad desconocida, históricamente subordinada y minimizada, es el no- conocimiento. Por ejemplo, hasta hace una generación, en la época de nuestros padres era una vergüenza hablar kichwa, era el confesar una vez más la inferioridad respecto a los no kichwas. En las escuelas, los indios tenían prohibido la práctica de su lengua materna al ser ésta considerada como la “lengua del diablo”[8].

 En Quinto lugar, como resultado de las diferencias entre los pueblos del mundo y la creación de la idea de “raza” como fundamento para la superioridad de unos sobre otros, todo lo no europeo es concebido como atrasado, “los pueblos colonizados eran razas inferiores y -por ello- anteriores a los europeos.” (Ibíd.: 10)

 Si bien estos aspectos tienen un origen colonial, localizado puntualmente en el tiempo, su incidencia aún persiste en el régimen de saber eurocentrista actual y constituye uno de los elementos del patrón de poder de dominación.

 Paralelamente a estos hechos se produjo una subordinación sistemática de los saberes  de los pueblos otros, al ser considerados como atrasados y no dignos de la “universalidad” de la ciencia, las artes, el lenguaje –y todas las demás expresiones de la existencia humana- en las que Occidente busca imponer su predominio. De esta manera y a partir de las separaciones de la epistemología occidental, la “cultura universal” marginaliza otras cosmovisiones, como la andina, que conciben al hombre como parte de la naturaleza.

 El análisis del eurocentrismo y de la colonialidad permite visibilizar la existencia de otros saberes excluidos o subalternizados. No estamos interesados en reivindicar lo andino en términos de occidente. Más bien se esfuerza por marcar la diferencia cualitativa entre ambas culturas, así como por mostrar la vigencia de la cultura andina en la gran mayoría de la población de nuestro país. La diferenciación[9]que se plantea no busca oponerse a ninguna cultura occidental o europea o norte americana, aunque sea necesario acudir a ella para clarificar nuestras posiciones y contrastar lo andino con lo occidental –moderno.

 Bibliografía.

 Mignolo, Walter. “Capitalismo y geopolítica de conocimiento”. En S. Dube, I. Banarjee Dube, W. Mignolo (Coords.), Modernidades coloniales: otros pasados, historias presentes. México D.F.: El Colegio de México, 2004, 227- 258.

Mires, Fernando. El discurso de la indianidad. Tomo 53, Quito, ALAI-Ediciones Abya Yala, 1992.

Quijano, Aníbal. “Colonialidad del poder y clasificación social”. (Artículo en homenaje a Inmanuel Wallerstein). En Journal of World-systems research, VI, 2, summer/fall 2000a, pp. 342-386.

Walsh, Catherine.  Interculturalidad y Plurinacionalidad: Elementos para el debate constituyente. Quito: 2008 (versión digital).


[1] El término Latinoamérica alude a la pertenencia y procedencia Latina de los habitantes de esta región, lo cual invisibiliza la presencia anterior de los pueblos ancestrales.

[2] El “Indio”, luego de la confusión con los habitantes de las indias, fue un concepto que definía al “otro”, al no europeo, era la negación de la civilización, aparece representado como el símbolo de lo no moderno, atrasado, arcaico, exótico, subdesarrollado, en fin, todo lo que degeneraba la condición humana de los habitantes de Abya Yala. (Mires, 1992).

[3] El proceso de la conquista española de América es un ejemplo: luego de la primera impresión causada por la diferencia, los ibéricos no dudaron en adoptar una posición sistemática de superioridad respecto a lo desconocido. Así, todas las manifestaciones culturales de los pueblos nativos fueron consideradas como “salvajes”, “bárbaras”, primitivas. La diferencia es sinónimo de inferioridad, justifica moralmente la intervención /apropiación de estas tierras y eleva a los colonizadores a la categoría de salvadores. La subordinación es entonces necesaria para cumplir con el proyecto de la conquista, pues mas allá de constatar el “atraso” de los nativos, se trata de justificar moralmente las relaciones de dominación y explotación que serán en adelante ejercidas por los europeos.

[4] “Como sé de cierto que existo, y, sin embargo, no advierto que convenga necesariamente a mi naturaleza o esencia otra cosa que ser cosa pensante, concluyo rectamente que mi esencia consiste sólo en ser una cosa que piensa, o una substancia cuya esencia o naturaleza toda consiste sólo en pensar. Y, aunque acaso tengo un cuerpo al que estoy estrechamente unido, con todo, puesto que, por una parte, tengo una idea clara y distinta de mí mismo, en cuanto que yo soy sólo una cosa que piensa -cosa no extensa- y, por otra parte, tengo una idea distinta del cuerpo, en cuanto que él es sólo una cosa extensa -y no pensante-, es cierto entonces que ese yo (es decir, mi alma, por la cual soy lo que soy), es enteramente distinto de mi cuerpo, y que puede existir sin él”, en En René Descartes: Meditaciones Metafísicas, con objeciones y respuestas. edit. Alfaguara. Madrid, 1977. pg. XIII

[5]  Influenciado por las utopías renacentistas, Europa concibe a  América como  ese espacio atemporal donde los hombres están en su estado “natural” (cf. El mito de El Dorado) .Los hombres europeos del siglo XVI conciben al hombre americano como esa criatura pueril, inocente que aun no se ha desarrollado completamente, que se encuentra en el camino de convertirse en verdadero hombre, el hombre europeo. Siguiendo este razonamiento, la explotación y dominación de los casi hombres queda así justificada en términos morales debido a que el dominado no es un ser humano completo. Es preciso ayudarlo a encontrar su humanidad.  Este mito será retomado con fuerza sobre todo por el iluminismo francés -Rousseau, Mostesquieu y el mito del buen salvaje- y perdurará durante toda la modernidad, influenciando todas las teorías desarrollistas/ paternalistas que desde su concepción lineal de la historia, conciben el progreso como unidireccional. Como el “buen salvaje americano” debía educarse en la civilización para humanizarse, así también los países tercermundistas saldrían del  “subdesarrollo” si adoptan las formulas del mundo moderno/civilizado: democracia, liberalismo etc., y  las recetas impuestas por los organismos internacionales como el BM o el FMI como  expresión de este eurocentrismo.

[6] En América, de esta manera se minimizó toda una tradición de pensamiento milenario que había generado un alto nivel de conocimiento tecnológico adecuado y como respuesta al entorno específico en el que se desarrolló. A manera de ejemplo, podemos hablar de la astronomía andina o de ciertas tecnologías agrícolas sumamente sabias, como el cultivo en terrazas, la “micro verticalidad” o control de los distintos pisos ecológicos que mantienen una relación respetuosa entre el hombre y la naturaleza (cf. Moreno, 1997).

[7] El lenguaje es una de las mejores muestras de esta subordinación pues hasta hoy en día, el término runa  –que en kichwa significa ser humano-  es utilizado para referirse a animales, objetos y cosas despreciables, inferiores, feas,  respecto al canon impuesto por el paradigma estético occidental. Así, al hablar de un perro callejero, de una prenda de vestir fea y de mala calidad, los ecuatorianos utilizan  runa como adjetivo despectivo, peyorativo.

[8] Conversación mantenida con la Sra. Dolores Quinche. Abril 2008.

[9] En las conversaciones varias con respecto a la cultura andina, generalmente se tiende a contraponer la occidental. La cultura andina no se crea para oponérsela, tampoco se crea en un tiempo posterior a la occidental, sino que se crea en un tiempo-espacio propio, sin contraponer a ninguna cultura anterior, por ello no se dice que “también” es científico o que carezca de cientificidad, son otros los postulados que las crea y las orienta.

Una respuesta a Artículo de Carlos Yamberla sobre la subalternización de los saberes de los pueblos indígenas

  1. Felicitaciones por el artículo y su pensamiento. Necvesitamos hacer contacto con usted, por favor me podría ayudar con sus numeros de contacto. Gracias.

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