Nos dejó Maria Heise

agosto 26, 2012

Maria Heise Mondino (Modena, Italia, 5 de Enero de 1927 — Lima, Perú, 24 de agosto de 2012) nos dejó el viernes. Yo la conocí profundamente. Ella era una de las pioneras de la EIB. Pero era mucho más. Para su familia,  amigos y amigas de las épocas de Italia y Berlín era la Mimina; para los de acá, María; para mis hijas, la nonna.

Si resumimos la vida de Maria en años, diríamos que es sobre todo peruana. Y es que pasó  26 años de su vida en Italia, 25 en Alemania y 34 años en el Perú.

Maria Heise se doctoró en Filología Inglesa en Italia.  Como se casó con un alemán, se fue a vivir a Berlín y allí se decidió a estudiar Antropología Latinoamericana. Vino a Perú, por primera vez, en 1972. Era un viaje de estudios a  Ayacucho. Maria se quedó profundamente impactada por las desigualdades que había en este país. No podía creer el comportamiento de los hacendados. Esta primera visita al Perú la marcó para toda la vida. Al año siguiente volvió a Ayacucho para investigar la educación y los libros de texto antes de la reforma educativa y después de ella.  Esa investigación le sirvió para escribir  la tesis con la que se graduó en Alemania.

En 1978 vino a trabajar a Perú con la GTZ, en el proyecto de educación bilingüe de Puno.  A  Maria se le ocurrieron cosas distintas a las de siempre. Ella se adelantó a su época. En los ochentas a los “expertos” no se les ocurría escuchar la voz de los otros y construir con ellos sino más bien creían que lo que había que hacer era “ser la voz de los sin voz.” Maria Heise pensaba muy diferente.  Ella abrió trocha.

Del frío de Puno se fue a hacer EIB en la Selva Central con el Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica, el CAAAP. Maria Heise conoció cada recodo del río Tambo donde fue, río arriba, río abajo, visitando las escuelas EIB, trabajando duro con los maestros y maestras EIB. Fueron su familia. Ella me contó que cuando tenían que venir a Lima a hacer trabajo en la oficina, se sentía triste. Necesitaba estar en el Tambo.  Lo tuvo que dejar por dos razones: la artrosis que le destruyó las caderas y la incursión de Sendero Luminoso en la zona. Pero ella nunca dejó de trabajar en  EIB.

La casa de María estuvo siempre abierta para maestros y maestras bilingües, para jóvenes estudiantes que querían investigar sobre los asháninka, sobre la EIB  o sobre otros temas. Ella los recibía con dulzura. Les contaba sus anécdotas como solo ella sabía contarlas.

Por mala suerte, fumaba muchísimo, demasiado y eso le provocó un enfisema pulmonar que la dejó muy frágil.  Así, su salud estuvo bastante deteriorada en los dos últimos años. Pero hubo amigos que siguieron viviendo, que nunca la dejaron de frecuentar, de interesarse por ella, de llevarle un poquito de amor: Lucho Carranza, Fidel Tubino, Gredna Landolt, Roberto Zariquiey, Andrea Patriau, Lisa Chalco, Mechtild Bock,  Moisés Oliveros e Isabel  Ceijas, Carlos Vigil y Nila Oliveros, Susana Casaperalta, y Liliam Landeo.

En sus últimos días, hemos sido testigos del cariño y de la solidaridad de muchas personas a las que queremos agradecer: Paulo Tubino, Eloy Neira, Aroma de la Cadena, Virginia Zavala y Roberto de la Puente.

Hoy en sus funerales, gracias a su amigo Rodrigo Montoya, fue despedida por el maestro Máximo Damián. Hoy la dejamos con la pachamamita  pero se quedará en nuestros corazones y estará presente en cada trabajo que se realice para hacer una educación más justa con los niños y niñas indígenas del Perú.

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